Nuestra vida

En 2012 se celebraron los 800 años de la fundación de la orden clarisa.

Santa Clara de Asís (1193-1253) fundó la rama femenina de la Orden de los Hermanos Menores Franciscanos para que las mujeres llevaran la misma vida austera de oración, humildad y penitencia que San Francisco de Asís proponía para los hombres. La Orden de las Damas Pobres, nació en la madrugada del lunes santo de 1211, cuando la joven Clara de Asís, perteneciente a una de las familias más nobles de Asís, se fugó de casa y marchó a Santa María de la Porciúncula, donde la esperaban San Francisco de Asís y sus primeros compañeros para consagrarla al Señor. Tenía apenas 18 años. Se le unieron su hermana Catalina (sor Inés, santa como ella) y otras jóvenes. Juntas se trasladaron, unos meses después, a la iglesia de San Damián por lo que eran conocidas como “Damianitas” por vivir en el monasterio de Santa María de San Damián. Mas tarde pasaron a llamarse Clarisas en honor de la Santa, canonizada por Alejandro IV en el siglo XIII.

Dos días antes de morir Clara  el 11 de agosto de 1253, obtuvo del papa Inocencia IV la aprobación de la» Regla de la Orden de las Hermanas Pobres” escrita por ella misma. Era la primera Regla compuesta por una mujer para mujeres en la que se admitía claramente el Privilegio de Pobreza: el privilegio de poder vivir sin privilegios, sin rentas ni posesiones, siguiendo las huellas de Cristo pobre y en comunión real con los pobres. El privilegio de la pobreza significaba el reconocimiento de la singularidad de las Clarisas con respecto a las formas de vida religiosas tradicionales.
El cardenal protector de las clarisas, Cayetano Orsini, compuso otra Regla que se llamó de Urbano IV, por ser el papa que la aprobó el 8 de octubre de 1263. La nueva Regla abolía de hecho el privilegio de pobreza, pues establecía las rentas y propiedades como medio normal de subsistencia para las religiosas. Eso provocó una división en la Orden, entre los monasterios que seguían observando la Regla de Santa Clara y las «Urbanitas». Con el tiempo, todos terminaron por admitir las propiedades en común. A las Damianitas y Urbanitas se añadieron otras reformas menores, como las Coletinas, las Alcantarinas y las Capuchinas, en medio de una gran vitalidad y fuerza expansiva, principalmente en el Nuevo Mundo y en tierras de misión.