Regla de Santa Clara

Las reglas que propuso Santa Clara y aprobó Inocencio IV se recogen en XII capítulos. Resumiendo mucho, podríamos decir que para las Franciscanas Clarisas además de la estricta clausura, la fraternidad y la pobreza es un distintivo de su orden y uno de los ejes en el que gira toda su forma de vida. Para no extendernos, seleccionamos algunas de las reglas escritas por Santa Clara y resumimos su contenido, sólo a modo de ejemplo del espíritu que la fundadora quiso para su orden.

I. En el nombre del Señor comienza la forma de vida de las Hermanas Pobres

La forma de vida de la Orden de las Hermanas Pobres, instituida por el bienaventurado Francisco, es ésta: observar el santo evangelio de nuestro señor Jesucristo, viviendo en obediencia, sin nada propio y en castidad.

IV. El silencio, el locutorio y la reja

Las hermanas, excepto las que sirven fuera del monasterio, guarden silencio desde la hora de completas hasta la de tercia. Guarden también silencio siempre en la iglesia, en el dormitorio y en el refectorio mientras comen

 VIII. Nada se apropien las hermanas, la mendicación y las hermanas enfermas

Las hermanas no se apropien nada para sí, ni casa, ni lugar, ni cosa alguna. Y, cual peregrinas y extranjeras en este mundo, sirviendo al señor en pobreza y humildad, manden por limosna confiadamente. Y no tienen por qué avergonzarse, pues el señor se hizo pobre por nosotros en este mundo.

XI. La observancia de la clausura

Y la puerta esté perfectamente asegurada con dos cerraduras distintas de hierro, con batientes y cerrojos, para que, sobre todo por la noche, se cierre con dos llaves, una de las cuales tendrá la portera y la otra la abadesa; de día no se la deje en ningún momento sin vigilancia, y esté firmemente cerrada con una llave.