Ser monja

Actualmente residen en el Convento once monjas, las dos mayores de 87 años y la menor de 36. Dos de ellas son de la India y el resto de Castilla y León.

Llevan una vida muy ordenada, donde la oración y el recogimiento tienen un papel primordial. Una campana marca su ritmo diario.

Su día transcurre del siguiente modo:

  • 6:30 a 7:00 – Levantarse, con música religiosa, y aseo personal
  • 7:00 a 8:00 – Laudes. Oraciones y cánticos juntas en el coro
  • 8:35 a 9:00 – Lectura espiritual en el coro
  • 9:00 a 9:45 – Eucaristía
  • 9:45 a 10:00 – Desayuno
  • 10:00 a 10:15 – Arreglar el cuarto
  • 10:15 a 12:30 – Trabajo (torno, cocina, coser, enfermería…). En silencio
  • 12:45 a 13:15 – Ensayo de canciones en el coro
  • 13:15 a 13:30 – Rezos de tercia
  • 13:30 a 14:00 – Comida en silencio. Una hermana lee durante la comida en voz alta
  • 14:00 a 14:45 – Recreo. Tiempo de convivencia: se juega al parchis, se habla…
  • 14:45 a 15:45 – Silencio mayor. Tiempo libre para descansar, leer, escuchar música…
  • 15:45 a 16:30 – Se reza la hora nona y el rosario franciscano.
  • 16:30 a 19:00 – Trabajo en silencio
  • 19:00 a 20:00 – Formación en la que se ponen al día sobre las novedades de la orden, teología o bien tiempo libre
  • 20:00 a 20:30 – En el coro se cantan vísperas
  • 20:30 a 21:00 – Oración personal
  • 21:00 a 21:20 – Cena en silencio
  • 21:20 a 22:00 – Recreo para hablar y divertirse
  • 22:00 a 22:30 – Oración, lecturas y completas
  • 22:45 – En las celdas para descansar

Este horario se repite cada día, excepto el domingo en el que hay más tiempo libre para leer, escribir, pintar, ver una película, etc. Las tareas comunes se comparten y se rotan. El único privilegio de la abadesa es no tener que hacer la comida.

Las monjas se entierran en el cementerio que hay en el convento. En este convento  se entierran a las difuntas fuera del claustro, en la zona de jardín, lo que no es habitual. 

Las clarisas tienen unas constituciones, que son las leyes que rigen la espiritualidad y la clausura de las monjas. Por ejemplo, sólo pueden salir de la clausura en casos excepcionales como ir al médico, votar,  o ir ver a padres enfermos. También está regulada la elección de abadesa que tiene que ser como poco de 30 años de edad y llevar al menos cinco de profesión. Son elegidas por voto secreto y están con el cargo durante un trienio. Después de cuatro trienios hay que cambiar obligatoriamente. Las abadesas son ayudadas por cuatro “discretas” que también se eligen por votación secreta. La vicaria sustituye a la abadesa cuando ésta no está.

Para ser monja, desde que se decide hasta que se toman los hábitos, pasan un mínimo de seis años. Si alguien tiene dudas sobre su vocación puede probar durante un mes la vida en el convento para tener luego un periodo de reflexión. La edad mínima para intentarlo son 16 años, pero hasta los 18 no se puede profesar. El primer año de postulante se viste de calle y luego, durante los dos años de noviciado, se lleva el hábito blanco; tanto de postulante como de novicia no se tienen votos. Si  se quiere seguir adelante, se comprometen tres años más, ahora con votos temporales. Para salirse en estos tres años hay que pedir dispensa a Roma. La profesión solemne se hace para toda la vida al finalizar estos tres años.